Alta Gracia, sus peligrosas gasolinera y el museo del Ché

Argentina La Cobra Panaventura Travel

Hemos estado en Alta Gracia, la ciudad en la que se crió el Ché y hemos dormido en una (¿peligrosa?) gasolinera por primera vez.

Alta Gracia y sus peligrosas gasolineras

Llegamos a Alta Gracia muy contentos y por una razón un poco extraña que ya os hemos contado y que está relacionada con nuestro hervidor de agua. Hemos leído que hay una estación de servicio, así que vamos a pasar nuestra primera noche en gasolinera. A mí esto me produce un poco de miedo, la verdad, pero también me siento salvajemente aventurera durmiendo entre camiones y viajeros que van y vienen.

Vamos a inspeccionar primero. Echamos gasolina y nos damos una vuelta para hacernos la idea y buscar un sitio para pasar la noche. Después preguntamos por el centro el pueblo, aparcamos a La Cobra en una calle y salimos a dar un paseo. Alta Gracia es una ciudad pequeñita, en la que hay un retiro de la compañía de Jesús (‘Estancia Jesuítica’) y está el Museo del Ché.

Mi bolsa de agua nueva

Es una ciudad tranquila, de casas bajas y gentes amables. Como estamos todo el día haciendo recados, entramos, por casualidad a una tienda que sería el equivalente argentino al ‘Todo a cien’ español, o a los ‘chinos’ que se llaman ahora.

Carlos viene emocionado con dos bolsas de agua. De esas que en tiempos inmemoriables la gente se metía en la cama. De las que usa mi abuela y que han sido sustituidas por la manta eléctrica o, en el mejor de los casos, por la calefacción central.

- ¡Mira cariño lo que tengo! -me dice mientras sostiene sendas bolsas color verde en la mano-. ¡Las he conseguido!

Una de las preocupaciones de Carlos es que yo soy tremendamente friolera. De hecho, cuando le cuento a la gente que nací en Suiza no me creen, porque soy capaz de dormir con edredón en agosto. En agosto y en Madrid, quiero decir. Así que para él haber encontrado estas bolsas de agua que llevábamos unos días buscando es una noticia maravillosa.

Hoy healthy dinner: ¡¡ARRIBA EL CHORIPÁN!!

Después de dar una vueltecita y de que nos cierren todas las tiendas, nos vamos a cenar un Choripán. “¡Ay! qué rico el chori” reza el cartel del lugar. Los dueños son tremendamente amables con nosotros. Carlos y yo, por lo bajini, nos preguntamos cómo será la vida de esas tres personas que regentan un puesto callejero de choripanes.

- Hombre, yo creo que es un trabajo entretenido, porque estás todo el día viendo pasar gente… y mira, hablan con todo el mundo y están de buen humor.

Escucho a Carlos, pero como de lejos. En estos momentos tengo una preocupación (mucho) más importante:

- ¿Tú crees que ellos también comerán choripanes o sólo los harán?

Carlos ni me contesta. Yo creo que a veces piensa que soy extraterrestre. O que nunca debí salir de mi pueblo. O la ‘A’ y la ‘B’ son correctas.

Después de comernos el chori, que efectivamente ¡ay! qué rico estaba, nos vamos a la gasolinera.

Mi primera noche durmiendo en una gasolinera

Justo el sito que habíamos visto nos lo han quitado, así que nos movemos a otro. Yo estoy, de nuevo, salvajemente emocionada.

Cuando me meto en la cama empiezo a pensar en todas las cosas que nos pueden pasar y cómo será el titular al día siguiente en los periódicos: “Una pareja de españoles aparece _______________ en una estación de servicio”. Puedes rellenar el hueco con cualquier verbo en participio que represente una desgracia humana. Justamente cuando me iban a entrar todos los miedos del universo, me quedo dormida.

Al final el verbo que rellenó el hueco no fue nada trágico, salvo que ocurrió a las seis y media de la mañana. Al día siguiente aparecimos “despiertos” en la estación de servicio. Ni más ni menos.

Parque Tajamar

Decidimos que no es el lugar de Alta Gracia más bonito para desayunar, así que nos vamos hacia el centro. Aparcamos en un parque con vistas a un pequeño estanque de agua. Se llama “Parque Tajamar” y pone que hay un lago. Yo creo que es una doble mentira; te incitan a pensar que vas a ir a una playa, y luego resulta que el lago es un estanque. Pero no me quejo, la gente es tan simpática en esta ciudad que voy a hacer como que no me he dado cuenta de que deliberadamente intentan confundir al turista con este juego de palabras TajaMAR y LAGO. Ejem.

Intentamos calentar el hervidor de agua para el café en nuestra instalación eléctrica (que funciona con baterías y energía solar) y empieza a pitar. Algo estamos haciendo mal… Al rato hablamos con Antolín, el padre de Carlos:

-Tres hervidores de agua de esos hacen saltar la instalación eléctrica de una casa. Ni se os ocurra enchufarlo a La Cobra, que os cargáis la batería y la instalación.

Misterio resuelto. A mí me ha dado mucho bajón, porque era bastante feliz imaginándome todas las cosas que íbamos a hacer el hervidor de agua y yo a partir de ahora. También es un poco problema, porque casi no tenemos gas y la bombona de “pitorro boliviano” no hemos conseguido que nos la rellenen. Iremos viendo. Ya se me ha pasado el disgusto.

El rastrojero: el sueño de Juan

Cuando estamos Carlos y yo hablando del hervidor (que nos está dando para innumerables conversaciones) nos llaman desde fuera. Yo pienso que es la policía que nos viene a detener y a llevar a la cárcel porque estamos haciendo algo mal. Resulta que es Juan con su hija Carola, una niña de diez años. Los dos nos saludan desde sus bicicletas. Nos cuenta que él también quiere hacer un viaje, y que sueña con comprarse un Rastrojero, que, por lo visto, es un modelo de coche argentino que se dejó de fabricar hace ya algunos años. Su hija, educadísima, espera paciente mientras su padre nos relata un montón de historias de la ciudad, de su añorado viaje, de todos los viajes que ha hecho en bicicleta. Carola nos cuenta que está muy contenta, porque en diciembre irá a su primer campamento:

-Voy a probar, y si me gusta, quizás acompañe a mi padre en el viaje del Ratrojero.

Les preguntamos si merece la pena el museo del Ché:

-Es fantástico, no dejen de ir. Y después visiten Villa General Belgrano. es una colonia que fundaron unos alemanes ¡hasta celebran la Oktoberfest!

Eso es genial. Porque justo estamos en Oktober y a nosotros nos entusiasman las fests.

El Museo del Ché y nosotros malvadamente haciéndonos pasar por residentes argentinos.

Nos presentamos en el museo, que hemos vito que cuesta 70 pesos (1,1 euros) por persona. Al llegar, la mujer de la entrada nos pide 200. Carlos y yo nos escandalizamos. No por el precio, que en realidad sería razonable, más bien protestamos porque habíamos visto en la web que era mucho más barato. Al final, le contamos que estamos residiendo en Argentina (“en la Calle La Cobra de Buenos Aires”) y nos deja pasar como residentes. Nos cobra 40 pesos. Somos muy felices en este momento.

Recorremos el museo del Ché y descubrimos las historias de un muchacho común y corriente. Quizás, por lo que cuentan las personas que le conocieron, sus amigos de la infancia, algo más preocupado por los demás de lo “normal”. Pero el Ché jugaba a fútbol cuando era chico, y tenía una bicicleta. Nos ha gustado ver este lado alejado de la potencia del personaje histórico, que normalmente diluye a la persona que hay detrás.

Los padres del Ché se mudaron a Alta Gracia porque el Ché tenía asma. “Le daban ataques de tos tan fuertes que parecía que se iba a partir en dos” contaba su tata, la mujer que le cuidó cuando era niño. Por eso, pasó la infancia medio recluido en esta casa, porque (casi) siempre estaba enfermo. Y, por eso, leyó tanto. También jugaba mucho a ajedrez. Al enterarse de esto, Carlos se ha puesto muy contento, porque él también juega mucho a ajedrez, y le gusta compartir esta rara característica con el Ché, yo creo que es como se sintiera un poco familia. “Nosotros, los ajedrecistas”.

A la salida del museo, hay un banco en el que está sentado el Ché, en formato estatua. Me siento un rato ahí con él y hablamos de nuestras cosas.

- "Las cosas andan medio torcidas por acá, Ché. Ha cambiado algo, pero cuánta falta nos harías. Con cada argentino que nos topamos hablamos de política y del peso, que no para de subir y bajar. De corrupción, de inflación, de izquierdas y de derechas y de todo lo contrario. Nos ha gustado ver la bicicleta con la que hiciste él primer viaje por Latinoamérica: "La Poderosa" que era ¡eléctrica! (¡Te adelantaste a Carmena!). Querías entender cómo vivían las personas y te pareció que tenías que verlo con tus propios ojos. Más tarde, reemprendiste viaje con tu famosa motocicleta, "La Poderosa II". Quién te iba a decir que cincuenta años después tus notas de viaje acabarían siendo la excusa para una película o que ibas a acabar estampado en la camiseta de millones de personas. Ver los mapas de tus rutas y pensar en nuestro viaje, nos ha puesto contentos, y algo nerviosos, también. Nos ha gustado verte cómo eras de chico. 'Un crío que jugaba, como todos los demás', decían tus amigos. Y hemos pensado que ojalá que haya algún crío o cría (o muchos) ahora mismo jugando que mañana ayude a devolver la ilusión a este pueblo, que sueña con un país que cuide de sí mismo y de las personas que lo construyen día a día".

Cuando salimos del museo nos subimos a la Cobra y nos vamos a comprar una parrilla. Queremos integrarnos bien en este país, y para eso es necesario que nos salga bien el choripán. Vamos sufrir lo que haga falta por el camino hasta que lo bordemos.

 

De camino a Villa General Belgrano, no sé qué he hecho que he puesto mal la dirección. El GPS quiere llevarnos directamente al Embalse Los Molinos. Pero a la mitad del embalse. Como La Cobra todavía no es anfibia decidimos que quizás no sea buena idea y viramos hacia otro lugar. De casualidad, acabamos en ‘Los Reartes’. Pegando a un río. Carlos hace un fuego en la parrilla para empezar a entrenar en el tema del deporte nacional.

 

 

 

 

 

Foto de La Cobra mientras nos dirigimos hacia Alta Gracia
La bolsa de agua-min
Pintadas como esta se pueden encontrar en Alta Garcia: "Nos mueve el deseo de ambiarlo todo"
Más Arte urbano en Alta Gracia
El puesto callejero de Choripán
En Alta Gracia también tienen sus letras gigantes para que te hagas una foto. Como es un nombre muy largo, han puesto sólo dos letras.
En est eparque hemos desayunado
Aquí dejamos bien aparcada a La Cobra mientras desayunábamos.
Juan y Carola nos contaron muchas cosas: nos hablaron del rastrojero y de sueños viajeros.
El Ché Guevara en su museo de Altagracia
El Ché Guevara en su museo de Altagracia
La Poderosa fue la primera bici (eléctrica) que usó el Ché para moverse en su primer viaje de descubrimiento
Esta es la ruta que recorrió el Ché y que s emuestra en el museo de Alta Gracia
La Poderosa II, la famosa motocicleta del Ché
Última carta que escribió el Ché antes de morir a sus hijos y que se muestra en el museo de Alta Gracia
Aquí estamos conversando los dos, el Ché y yo, muy animadamente
Llegada a Los Reartes
TAGS

LEAVE A COMMENT